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La cuerda no es el problema

El verdadero límite de lo que tu negocio puede hacer con la IA no es la habilidad técnica. Es la imaginación.

La cuerda no es el problema

Hay una parábola en la que pienso todo el tiempo. Cuando los elefantes son pequeños, un entrenador los amarra a una pequeña estaca con una cuerda delgada. De bebés jalan, forcejean y no logran soltarse. Con el tiempo dejan de intentarlo. Años después se convierten en animales lo bastante fuertes para arrancar esa estaca del suelo sin esfuerzo. Pero nunca lo prueban. Ya decidieron que la cuerda es más fuerte que ellos.

No los detiene la cuerda. Los detiene lo que creen sobre la cuerda.

La mayoría de los dueños de negocio creen que su límite con la IA es la habilidad técnica. No lo es. Es la imaginación.

Cuando empecé a usar la IA, me quedé en un carril estrecho. Preguntas de marketing. Preguntas de desarrollo económico. Cosas ligadas a mi puesto. Eso se sentía responsable. También era pequeño.

La cuerda se rompió el día en que me quedé atorado en algo que no me correspondía resolver. Mi mamá tiene una empresa de consultoría educativa, y tenía un desorden de datos en Google Sheets. Lógica anidada de si esto, entonces aquello, códigos de color entre pestañas, y todo tenía que reunirse en una sola vista maestra. Se sentía técnico. Se sentía como un trabajo para alguien a quien tendría que pagar.

Recuerdo que pensé: si tan solo conociera a alguien que pudiera programar esto.

Entonces hizo clic. Sí conozco a alguien. Conozco la IA.

Así que le pedí que me guiara paso a paso. Escribir las fórmulas. Explicar por qué funcionaban. Ajustar cuando necesitaba algo distinto. Dos horas de trabajo concentrado y quedó listo. Luego fui más allá y le pedí que escribiera instrucciones sencillas para que su equipo pudiera copiar las fórmulas en las celdas sin entender la mecánica. Ese solo experimento ahorró cerca de cuarenta horas de trabajo manual.

No porque me haya vuelto programador. Porque dejé de fingir que la cuerda era real.

Ahora mismo la mayoría de las empresas usan la IA para cosas pequeñas. Arreglar correos. Corregir la gramática. Esquemas rápidos. Está bien. También es pensar como elefante bebé. El cambio ocurre cuando le pides que te ayude a tomar prestada una habilidad que tu negocio no tiene en nómina. Armar el reporte que has evitado por años. Entender un contrato antes de firmarlo. Montar la herramienta sencilla que asumiste que tenías que comprar.

La IA no es perfecta. Comete errores. Todavía tienes que pensar. Pero es mucho más capaz que la regla invisible que la mayoría de los dueños llevan en la cabeza sobre lo que tienen permitido pedirle.

Si estás atorado y tu primer instinto es eso no es lo nuestro, nosotros no hacemos eso, detente. La cuerda no está amarrada a tu empresa. Está amarrada a tu imaginación.

Esta semana, apunta la IA a un problema que has estado subcontratando o evitando. Algo que se sienta un poco fuera de tu carril. Puede que te sorprenda lo suelta que está en realidad esa estaca.

Escrito por Daniel Rivera Triggers Media, Valle del Río Grande

Publicado originalmente en el Substack de Daniel Rivera y en danielgrivera.com.

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